viernes, 19 de enero de 2018

Hermosa locura.



Me llaman loca...

Porque cuento las estrellas
en la noche,
porque prefiero el verano gélido
porque en la primavera,
lanzo rosas al viento
formando copos de nacar.

Porque juego con ancianos
en los bancos,
esos de manos rugosas
que tiemblan y se emocionan
cuando un helado les compras.

Porque brinco con los niños
en el parque,
 soltando globos
persiguiendo mariposas
y vistiendo los árboles de rojo.

Porque grito con los jóvenes
en las calles y plazas,
escribiendo en mi pancarta 
que el presente son ilusiones
que el futuro nada importa.

Me llaman loca...

Porque pienso que la tierra
es de color rosa,
porque sonrío a la tristeza
veo a la muerte hermosa,
la miseria es mi amiga
y mi enemiga la riqueza.

Me llaman loca... ¡No me importa!

Yo seguiré tejiendo amapolas
cantando en las tormentas
reiré cuando la lluvia no moje,
bailaré entre jirones de piedras
y cuando el mar se seque,
lo llenaré de sangre roja.

Me llaman loca...

y estoy de acuerdo,
me gustaría encontrar a alguien
que se apunte a mi aventura,
tal vez tú ya estés loco... entonces...
Bendita y sana locura.





SER LOCO ES ESTAR
CUERDO
¡El mundo ha conocido locos tan hermosos! De hecho, todos los grandes hombres del mundo han sido un poco locos, locos ante los ojos de la masa. Su locura residía en que no eran desgraciados, no sufrían de ansiedad, no temían a la muerte, no se preocupaban por trivialidades. Vivían cada momento con totalidad e intensidad, y a causa de esta totalidad e intensidad, su vida se convirtió en una hermosa flor, estaban llenos de fragancia, amor, vida y risa. Pero esto hiere a los millones de personas que te rodean. No pueden aceptar la idea de que hayas conseguido algo que ellos no lograron; intentarán de todas las formas convertirte en un miserable. Su condena no es más que un esfuerzo por hacerte infeliz, por destruir tu danza, por arrebatarte tu alegría, para que así, puedas volver al rebaño.


Uno tiene que armarse de valor, y si la gente dice que estás loco, disfruta de la idea. Diles: "Tienes razón; en este mundo, sólo la gente loca puede ser feliz y alegre. Yo he elegido la locura con alegría, felicidad, y danza; vosotros habéis elegido la cordura con infelicidad, angustia e infierno. Nuestras elecciones son diferentes. Sed cuerdos y seguid siendo miserables; dejadme solo con mi locura. No os ofendáis; yo no me siento ofendido por todos vosotros; tanta gente cuerda en el mundo y yo no me siento ofendido".

Es cuestión de muy poco tiempo... Una vez que te hayan aceptado como loco, ya no te molestarán; entonces podrás salir a plena luz con tu auténtico ser y podrás reírte de todas las necedades.


No soy poeta, ni entiendo de métrica, por eso, porque estoy... loca.

miércoles, 10 de enero de 2018

El mejor regalo


Estos días seguro que todos hemos tenido algún presente, un bonito regalo, una sorpresa, un detalle por pequeño que sea.
Para mi un regalo es un intercambio de ilusiones.
Todos los regalos suelen estar envueltos en papeles bonitos. Algunos vienen decorados con lazos de colores o con motivos florales,  otros de una manera menos atractiva y sencilla. Los hay que vienen tan bien cerrados que cuesta romper la envoltura y otros llevan la etiqueta de frágil. Pero el exterior no significa nada, lo verdaderamente importante es el contenido del estuche. El valor de los regalos no se mide ni por el tamaño, ni por el color, el precio o el colorido del envoltorio, ni siquiera por la utilidad del mismo. El valor de un regalo se mide con el corazón.

El mejor regalo tal vez no sea costoso, pero sí valioso. Desde este mundo virtual mi regalo para ti son muchas cosas: te regalo por ejemplo las palabras "quiero verte feliz"y aunque no te pueda regalar el sol, te regalo el calor profundo de mis abrazos.
Te regalo un par de mis latidos, aquellos que nacen cuando reímos sin parar. Quizás no sea el regalo de moda pero te ofrezco mi memoria para grabar tus sueños y recordártelos si hiciera falta. No te regalo una canasta llena, te regalo mis manos vacías, un día las puedes usar.
No sé si mi regalo es acertado, pero es lo mejor que te puedo ofrecer.
Te regalo mi aliento, te regalo mis oídos si necesitas hablar.
Te regalo mis fuerzas por si decides luchar.

Quizás mi regalo sea muy sencillo. Por último sólo quiero recordarte que si estás vivo, ya has recibido el regalo más grande.

viernes, 5 de enero de 2018

Noche mágica.




Una noche mágica en la que todos buscamos a ese niño que fuímos. Mis zapatos son ya grandes y aquellos dulces que dejaba en la ventana, ya no los toma nadie.
Sólo he conocido a dos Reyes magos, más magos que reyes, porque hacían maravillas para hacernos felices la mañana del 6 de enero. Al tercero jamás le ví, ni traté de buscarle, dentro de mi corazón sólo existieron dos magos a los que ahora me gustaría regalarles el abrazo más grande. Ese sería mi deseo, pero ya no puedo besarles la frente ni darles las gracias por tantas noches de Reyes llenas de ilusión, de sorpresas y de cariño.
Ojalá desde un hermoso lugar, sigan repartiendo bendiciones.

FELICES REYES.

viernes, 29 de diciembre de 2017

Otro invierno



Acaba de llegar y ya se pasea orgulloso por campos y valles, por calles y plazas, se permite escalar hasta el pico más alto sin cuerdas ni ataduras y deslizarse luego vestido de blanco por las laderas de las montañas, puede colarse por las paredes y ventanas, subir a los tejados más altos y congelar hasta los nidos de las golondrinas. Cubrir los árboles con flecos de escarcha, desnudar los rosales y derramar velos de bruma cuando las nubes bajan.
Su único enemigo es el fuego, las brasas de una chimenea, las ascuas de un viejo brasero y el cálido sonido de una nana.
Es todo un general que arrastra sus tropas a la dura batalla del frío.
El invierno, pese a tener pocos adictos, es la estación que nos recuerda el final de un trayecto, la inevitable muerte de la Naturaleza, pero también nos prepara para un nuevo renacer, se abrirá otro ciclo y la resurrección del verde ocurrirá seguro. Es verdad que los rosales están tristes, las alamedas solitarias, los ríos se estremecen y los pájaros se refugian entre ramas escarchadas. Es verdad que los cuerpos se escogen y hasta el alma tirita, pero también es la estación con más recogimiento; por las tardes, un café o un chocolate caliente sentados al calor del hogar con un libro en las manos o escuchando buena música, es algo muy apetecible y por las mañanas, aunque el sol no se asome, caminar bien abrigados no deja de ser saludable. El frío invernal significa adiós a la mala calidad del aire y a los altos niveles de ozono tan comunes en los meses de primavera y verano y por tanto se respira mejor. Aumenta nuestra energía, dormimos también mejor, más fácilmente se queman calorías, es bueno para la circulación porque el frío produce una vasoconstricción de los vasos sanguíneos evitando así la pesadez de piernas. Reduce la inflamación: una bolsa de hielo en un músculo inflamado funciona bien para disminuir la hinchazón. Muchos atletas recurren a la crioterapia para los músculos doloridos y aunque parezca extraño también mejora las infecciones, “Las células que combaten las infecciones en el cuerpo, en realidad, aumentan si te expones al frío”, dijo la Dra. Rachel C. Vreeman.
La verdad es que parece contradictorio todos estos beneficios que he citado cuando las personas aquejadas de problemas cardio-respiratorios, músculo-esqueléticos y otras afecciones, en invierno se ven aumentadas, a ellos se recomienda evitar salir las horas de menor temperatura, como son la primera hora de la mañana y la última de la tarde y noche.
A mi me gusta el frío, viví hasta pasada mi adolescencia en Burgos, mis recuerdos no se han ido, se han congelado en el tiempo y echo de menos aquellos días que pasaba mirando el helado jardín.

Frío y cielo gris. El invierno puede ser triste para algunos, pero como todo, hay que tratar de ver el lado bueno y acostumbrarse a la nueva estación. No olvidemos que el calor destruye y el frío conserva.

Feliz invierno bien abrigados y feliz año a todos.


miércoles, 20 de diciembre de 2017

Felices Fiestas



 Ya estamos casi a finales de Diciembre. Vuelan los meses, vuelan los días y llega de nuevo Navidad. ¡Cuántas han pasado!... demasiadas, y tú deseas seguir teniendo aquel espíritu navideño de antes, lleno de estrellas y luces de colores, de ángeles y renos, de flores y serpentinas. Un espíritu que poco a poco se ha ido perdiendo, pero cierra un momento los ojos y trata de repasar alguna de tus Navidades felices. En cada corazón existe un desván de los recuerdos, puedes proyectar en la gran pantalla de tu cerebro la escena que prefieras. Hay muchas buenas gentes que pasan estas fiestas en soledad, que han dejado su hogar obligados por motivos de salud o por la fatalidad del destino, hay demasiadas camas de hospital ocupadas, demasiadas almas sin recursos, pero también hay gente que vende sonrisas y tú me has prometido una y yo a cambio un enorme abrazo que por la red te enviaremos todos tus amigos.

Desde tiempos que se pierden en la neblina del recuerdo, cada año arrastramos una tradición poco menos que ancestral, que hace teñir de blanco y de luces de colores nuestras ciudades y pueblos. Cada rincón que dejamos a un lado en nuestro transcurrir cotidiano, en estos días se convierte en la principal estancia de nuestro corazón. La Navidad vuelve a asomarse a la ventana de nuestra vida, nos avisa que es tiempo de hacer una pausa, de preparar una gran mesa rodeada del cariño de nuestra gente, de mirar con ternura al solitario, de ayudar al necesitado, de acompañar al enfermo y por encima de todo la Navidad siempre nos hará recordar nuestra infancia, nuestra maravillosa inocencia, aquella que el fantasma del tiempo nos fue robando poco a poco.

 
Me he asomado a esa ventana porque he visto el blanco de mis sienes. Se oyen cánticos lejanos y el sonido de una pandereta vuelve a repicar en el cielo. Sonríe conmigo, es de nuevo Navidad.

Bendita sea la fecha que une a todo el mundo en una conspiración de amor.

 
Hoy he hablado con nuestro amigo Manolo, sigue bien dentro de sus limitaciones y de su parte y de la mía, FELICES FIESTAS a todos.

¿

lunes, 11 de diciembre de 2017

Cuento de invierno


Me gustan poco los viajes, cada vez menos la verdad, cuando era pequeña y veía un billete de tren o de autobús me mareaba, me daban náuseas, totalmente psicológico pero quien ha sufrido los efectos del mareo lo entenderá muy bien; me ocurría siempre y lo curioso es que me he pasado la vida haciendo maletas. Está claro que con los años te acostumbras a todo y no hay duda que viajar es una buena manera de fomentar la cultura conociendo mundos diferentes.

Las calles siguen alfombradas de hojas caídas y mojadas, amarillentas, pardas y resbalosas. Como de costumbre por estas fechas hay que hacer un viaje obligado, así que con el mínimo equipaje voy a la estación de ferrocarril que tengo cerca, porque el tren del Otoño está a punto de llegar a su destino final. 
Me gustan los trenes antiguos, aquellas viejas locomotoras de vapor tenían su encanto, el sonido de la campana y del silbato, el humo que se formaba por la condensación, era como estar en las clásicas películas de la genial Agatha Christie. Pero el tren que espero nada tiene que ver, es un tren nuevo que no trae retraso nunca, llega siempre a tiempo y como es lógico vendrá envuelto en una neblina espesa, helada, los vagones adornados  elegantemente con carámbanos y traerá frío, mucho frío. Sí, lo habéis adivinado, se trata del tren llamado Invierno que va a entrar puntual en la estación de Diciembre.

Un viento gélido invade el ambiente cuando el tren llega al andén y los viajeros bien abrigados se preparan para recibirle. Prisas y más prisas por subir cuanto antes, qué nerviosa me pongo, siempre creo que lo voy a perder, otra manera más de angustiarme.
Subo al primer vagón, qué ambiente más helado, hasta en los asientos hay escarcha. Me acomodo como puedo cerca de la ventanilla, entonces alguien con ojos brillantes y una gran sonrisa aparece caminando por el estrecho pasillo y un sonido de cascabeles le acompaña. Es el espíritu de la Navidad -me dicen- viaja en el tiempo buscando las tradiciones perdidas, recuperando cánticos y tarjetas olvidadas, llevan en su capa colgada una pandereta de las de antes, aquellas de piel de oveja sin lana o de panza de burro.


Agradecería un buen café caliente, sin espuma, como siempre lo pido y casi nunca me lo sirven. Abro la puerta corredera y todo el personal sentado está absorto con el móvil, parece que ya la Navidad no les importa. 
Un tintineo de cristales suena a la vez que el traqueteo del tren. Al rato, un personaje de edad avanzada y apoyado en un bastón troquelado, entra en el recinto, lleva algo grabado que no distingo bien. En la cabeza un sombrero calado hasta las orejas, una bufanda raída y bajo los mitones agujereados asoman unos dedos largos y enjutos propios de la edad.
El buen hombre se acerca con paso torpe y ya puedo leer lo que tiene grabado en el bastón, es una fecha, 2017.
 
- ¿Molesto si me siento a su lado?.
- No, para nada caballero, hay asientos libres.

Está helado, las cejas blancas como la escarcha y un semblante triste y cansado. Pensé en hacerle alguna pregunta pero no hizo falta, enseguida se percató de mi mirada interrogante.

"Yo fui - dijo-
columna ardiente, luna de primavera,
mar dorado, ojos grandes.
Busqué lo que pensaba
viví como el amanecer en sueño lánguido
lo que pintaba el deseo en días adolescentes.
Canté, subí.
fui luz un día
pero arrastrado en la llama,
como un golpe de viento,
que deshace la sombra,
caí en lo negro.
En el mundo insaciable.
He sido"

Su tiempo se está agotando, ha subido al tren de Diciembre para despedirse y pasar el testigo al joven que viaja cargado con el grave peso de doce meses, 365 días, un nuevo año para todo el que quiera vivirlo llenándolo de ilusión, esperanza y sobre todo de sueños. 
 
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El poema está inspirado en un texto de Luis Cernuda.( Sevilla 1902).
Quizá este relato os parezca infantil, pero todos en esta época nos volvemos un poco niños.

Airblue.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Calentitas

Camina cuesta abajo el otoño, hasta ahora un suave otoño que invita a pasear por la ciudad y darte cuenta de lo rápido que pasa el tiempo. Las calles ya están adornadas con guirnaldas de luces anunciando la Navidad, todo preparado para el consumo que cada año se adelanta más. Por fin he visto castañeros en las esquinas y entradas de metro, sin pañuelo ni mitones como los de antes. Con la llegada del frío la gente compraba castañas y de paso se calentaban las manos, una estampa típica de otoño-invierno siempre agradable, aunque el progreso haya modernizado los puestos y ya no sean de carbón, las castañas se siguen comprando y además tienen muchas propiedades, pocas calorías y mucha fibra.
Solo podemos detener el tiempo en nuestra imaginación y es inevitable volver a aquellos años en los que por diez pesetas comprabas un cucurucho de papel de periódico lleno de castañas asadas, que después te dejaban las manos negras como el carbón. A la salida del cole, el puesto del puente de la ciudad que me vio crecer, se llenaba de gente esperando una nueva y caliente tanda de castañas.


A esta hora de la madrugada soy feliz recordando, nadie va a marcarme el tiempo de sueño, a nadie le importa si duermo o vigilo, entre otras cosas porque prefiero disfrutar de este callado silencio en el que todo parece detenerse. Siempre me ha gustado la noche, dicen que te embriaga en sueños imposibles y pasear por el mundo interior evadiéndose del mundo real es un lujo, sobre todo cuando el vaivén diario te permite pocas pausas. El cuerpo se relaja si el alma se serena y eso lo sabemos todos aunque a menudo se nos olvide.
Tampoco importa que me llamen soñadora, la experiencia me ha demostrado que soñar despierto es positivo y necesario, la memoria mejora y la empatía es más fuerte, beneficia la creatividad y ayuda a ser más eficiente. Soñar que consigues tus metas no hará que éstas se logren, sin embargo, te prepara para caminar hacia ellas.
Pero... qué metas, ¿existen de verdad metas en la madurez de la vida? lo que íbamos a ser, ya lo somos y lo que no íbamos a ser, no lo fuimos… ni lo seremos. En mis sueños veo este tranquilo período de transición, este suave equinoccio, como una etapa en la cual el barco ha dejado de navegar en el abierto y tormentoso océano y entra en la seguridad placentera de una grande y tranquila bahía. Pensamientos y reflexiones para liberar tensiones, aunque el recuerdo te produzca un nudo en la garganta.
Pequeñas cosas, como un simple puesto de castañas te hacen ver la belleza de la vida, es una suerte poder contemplarla día a día, minuto a minuto y ahora tengo que hacer mención a mi amigo Manolo, estando en una residencia está viendo un mundo diferente, pero cuenta con los ojos del corazón, con ellos puede seguir disfrutando de aquellas anécdotas que contaba.
 Hay muchas pequeñas cosas que con los años he recogido para guardarlas bajo llave, cosas que he hecho mías y que quizá me las he apropiado indebidamente:

El nacimiento de una flor, el brillo del sol, amanecer en el mar, el olor de mi infancia.
La lluvia que cae, el azul del mar, unas manos que se abren sin tener nada que dar, porque ya todo lo han dado.
La sonrisa tuya, la paz de un niño durmiendo, la inocencia.
Las caricias de una madre, las lágrimas del huérfano, la salud de un cuerpo y el placer de haberlo creado.

Éstas son las pequeñas cosas que llenan mi vida. Ah! y el aroma a castañas recién tostadas junto a la chimenea.